LOS FABULOSOS 90´S Y SU IMPACTO EN LA IGLESIA DE HOY


Crecí durante los años 90 y puedo afirmar (sin temor a equivocarme) que fue una década marcada por la "espectacularidad". Pero, además, creo que eso influyó decisivamente en la forma en que comprendemos la iglesia, el ministerio, la misión, el fruto y otros asuntos relacionados. 

Acompañame a pensar en esto.

LA LÓGICA DEL ESPECTAULO 🎬

La película "Moulin Rouge!" (estrenada en 2001) encarna el clima cultural de los 90. Aunque parezca redundante o sarcástico la idea estaba clara: Un espectáculo pensado en que sea espectacular. Un supermusical posmoderno, muy al estilo video clips de MTV, con coreografías y movimientos de cámara vertiginoso, un vestuario irreverente que ya se veía en las pasarelas de Dior y Versace. Música Pop y melodrama a escala épica; todos estos son elementos incubados en la década que precedió al film.

Ewan McGregor & Nicole Kidman - Moulin Rouge!

No podemos negar lo impactantes que fueron los ´90 en buena medida porque se unieron diversos factores que generaron la llamada "Cultura del espectáculo". Dos de esos ingredientes fueron la omnipresencia de la televisión por cable como una necesidad en casi todos los hogares y la llegada de internet, que ofrecían un estímulo ideal para vender cualquier cosa envuelta en show.

El cine evidencia esta lógica de manera cruda, porque las nuevas tecnologías permitieron super producciones monumentales en las que la mayoría de las veces los efectos especiales pesaban más que la trama. 

Entre las películas más taquilleras de la década están: "Titanic", "Star Wars: Episode I", "Jurassic Park", "Independence Day", "Hombres de negro", "Armageddon", "Toy Story"; entre tantas otras (por supuesto, también hay grandes clásicos sin super efectos como "Sexto sentido", "Forrest Gump" y "Home Alone").

Escena icónica de Titanic

Y no sólo el cine estuvo impregnado por esta lógica, la televisión vio la llegada de los "Talk Shows": escándalos mediáticos de personas famosas o no, donde se ventilaban problemas íntimos como la infidelidad en un set de grabación, frente a una "tribuna" compuesta por desconocidos que podían opinar y aconsejar. 

¿Y qué hay de la cultura Pop de esa década? El género musical traspasó las tiendas de discos y se convirtió en una cultura en sí misma gracias a la industria globalizada (discográficas y MTV), con su propia forma de vestir y peinarse, un lenguaje específico y modelos que comenzaron con Madonna y Michael Jackson, hasta Britney Spears, las Spice Girls (quienes popularizaron el concepto "Girl Power") y los Back Street Boys. 

Pero eso no es todo. Cuando los extraordinarios recitales se combinaron con la moda, dieron a luz eventos icónicos como los desfiles de "Victoria´s Secret", "Versace", "MTV music awards" y "MTV fashionably loud", en los que las modelos más famosas caminaban por la plataforma mientras las bandas del momento desplegaban su música en la misma.



AUTORES Y ESTUDIOS AL RESPECTO 📚

Varios autores e investigadores han explorado la idea de los años 90 como una década marcada por la espectacularidad -con blockbusters, cultura mediática, moda, internet emergente, etc.-, por ejemplo:

Douglas Kellner es uno de los principales teóricos de la cultura mediática. En su obra Media Culture (1995) y Media Spectacle (2003), argumenta que la cultura contemporánea está permeada por la lógica del espectáculo: entretenimiento, noticias, moda, deporte, política; todo presentado como espectáculo mediático.
 
Destaca fenómenos de los 90 como el juicio de O.J. Simpson, los escándalos de Clinton, la muerte de la princesa Diana o la cultura de celebridades como Michael Jackson. Estos “megaspectáculos” definieron la década y transformaron la forma en que la sociedad interactuaba con los medios. 

Asocia esa era con el surgimiento de la “infotainment society” (sociedad de la información-entretenimiento), impulsada por nuevas tecnologías y un consumo mediático hiperestimulante.

Neil Gabler (Life as a Show) propone que vivimos inmersos en un entorno donde la distinción entre vida real y espectáculo se difumina. Personajes mediáticos, marcas y celebridades construyen modelos de identidad, estilo y consumo que transforman nuestra vida cotidiana en un escenario permanente. 

Sólo para que tengas una idea (y si deseas investigar más por tu cuenta) te dejo un cuadro comparativo:


El punto que comparten es algo que podemos comprobar fácilmente en nuestra experiencia: Nos hemos acostumbrado a consumir la vida en modo espectáculo. Las élites lo hicieron a propósito y a nosotros nos ocurrió casi sin darnos cuenta. 

¿La razón? Es más fácil vender cualquier cosa si ofrece la experiencia de un show. Mirá este ejemplo: 
El Super Bowl (la final más importante de futbol americano) se disputa desde 1967 y desde sus inicios incluyó una función de medio tiempo en la que participaban bandas universitarias tocando música clásica. Eso fue hasta que una de las marcas icónicas de la década del 90 (Pepsi) decidió intervenir en el negocio realizando inversiones multimillonarias para armar un mega show y, por supuesto, promocionarse.

El primer "mega espectáculo" en un show de medio tiempo de Super Bowl lo realizó Michael Jackson en aquella legendaria oportunidad en que permaneció 2 minutos de pie en el escenario sin hacer absolutamente nada, excepto recibir una ovación que fue récord. Ese fue el inicio de los "halftime shows" que conocemos hoy. 
Ah, sí. ¿Sabes en qué año ocurrió eso? en 1993.

Todo lo que se mostrase como glamoroso, épico, apoteósico, cool, divertido, sensacional, emotivo, estelar etc., tenía grandes posibilidades de ser éxito de venta, por ello las industrias invertían tanto en producir estos eventos.

Entonces, nos convertimos en una generación acostumbrada a consumir espectáculo.

CULTURA DE ESPECTÁCULO Y FAN CULTURE EN LA IGLESIA 😎

Por supuesto que este fenómeno traería aparejados ciertos comportamientos, uno de ellos es el que conocemos como "Cultura de fan" (fan culture). 
Los "fans" -contracción de la palabra "fanáticos"- son seguidores apasionados de una obra cultural que engendran una nueva comunidad con prácticas, producciones creativas e identidad basadas en aquello que adoptaron e internalizaron. Un ejemplo de esto lo hallamos en las Comic Con, donde miles de fanáticos se reúnen en mega eventos a compartir y alimentar su pasión por sus personajes favoritos.

Bueno, en los 90s se generó una "fan culture" no de Jesús necesariamente, sino de la iglesia. 
Así es. Por aquellos años había cierto orgullo y búsqueda de pertenecer a una iglesia "genial", y su contraparte era la vergüenza o desilusión (aunque suene duro) de ser miembro de una congregación que no estuviera en la onda

(Comic Con New York / 2017)

Las iglesias y líderes caímos en esa trampa y comenzamos a correr la carrera del espectáculo. Los banners (no había redes sociales todavía) y publicidades en revistas y radios anunciaban MEGA congresos con los oradores y bandas más reconocidos (para evitar decir "famosos"), teníamos nuestra propia farándula evangélica. 
Conversábamos: "¿Viste quienes estarán este año en el congreso tal?". Asumiendo que el evento con más "estrellas" sería el mejor para nuestras vidas espirituales. 
Las congregaciones pequeñas hacíamos lo posible por parecernos a las más grandes, incluso trabajamos para recaudar fondos y comprar proyectores y consolas, aunque en la reunión fuéramos 30 personas.

Si no podíamos invitar a los predicadores del canal ENLACE a nuestros eventos, al menos queríamos al más popular de la ciudad. Te confesaré que sonrío mientras escribo al recordar esto y reflexionar sobre cómo fuimos absorbidos por la lógica del momento.

Planeábamos cómo tener campamentos masivos, bandas modernas, moda atractiva -se inició una batalla entre los jeans y las corbatas- y cosas similares. Algunos amigos líderes pensaban sus reuniones de adolescentes enfocados en "demostrar al mundo que ser cristiano no es aburrido". Así que el glam y la diversión no eran negociables ni secundarios, sino la identidad misma de la reunión.


El asunto es que nos acostumbramos a pensar y medir a la Iglesia, el Ministerio, la Misión, el Fruto y otros conceptos relacionados, desde esta perspectiva. 
Llegamos a la conclusión de que ser masivos es crecer, ser modernos era encarnar el mensaje, a la puesta en escena impresionante la llamamos excelencia y a la infraestructura le dijimos fruto.

Pero el cambio generacional nos está demostrando que la cultura del espectáculo genera consumidores, no discípulos. Algunos llegan a ser fans, otros son detractores, pero siguen siendo consumidores. Testigos pasivos de lo que ocurre pero que no se comprometen con la causa ni con la historia.

Por ejemplo, un estudio del Pew Research Center (2025) revela que menos del 50 % de jóvenes entre 18 y 29 años en EE. UU. se identifica como cristiano (45 %), mientras que un 44 % no tiene afiliación religiosa (“nones”). En el Reino Unido, apenas el 13 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años se identifican como ateos, mientras que el 62 % sostiene que se considera “espiritual”. Esto refleja una preferencia por prácticas personales y menos por religiones organizadas.



DE CONSUMIDORES A DISCÍPULOS 🙏

Las notas de las investigaciones muestran una misma tendencia: Los más jóvenes creen en la dimensión espiritual del ser humano y buscan respuestas allí, pero no confían en las instituciones de fe -de ningún credo-. 
Mientras sigamos creyendo que los atraeremos con más espectáculo sólo perdemos tiempo. Las "tribus urbanas" de los 2000 y las redes sociales en la actualidad son evidencia de que las personas siguen creyendo en el sentido de pertenencia, el compañerismo y los vínculos como la mejor forma de sobrevivir en el mundo. 
Han dejado de creer en la iglesia, la familia, el matrimonio y hasta en el estado, pero no en las relaciones.


¿Qué buscan, entonces, las nuevas generaciones? Lo que perdimos en la espectacularidad:
Amistades fuertes e íntimas, sentido de pertenencia, ser oídos y valorados como individuos y no como una pieza dentro de una maquinaria, ver modelos cercanos y creíbles (no celebridades en un escenario), líderes de carne y hueso que lloran y cometen errores que les muestren que la perfección está en Cristo y no en el lujo, compañeros con quienes transitar la vida.

¿Estaremos a tiempo de cambiar?
¿Estaremos dispuestos a evaluarnos?

Quiero conocer tu opinión. Podés dejarla en la caja de comentarios.
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