LOS NIÑOS DE HOY NO SABEN JUGAR
En la calle en que vivo hay niños, varios de ellos, de distintas edades y de ambos sexos. Eso sí: provienen de familias bastante diferentes una de la otra (y eso ya debería decirnos mucho de cómo crecen, pues suponemos que la familia debería ser una célula sólida que se parezca en todos los casos, a menos a grandes rasgos).
Ellos son los amiguitos de mis hijas, con quienes juegan por las tardes. Bueno, dicen jugar, pero en realidad creo que LOS NIÑOS DE HOY NO SABEN JUGAR.
Verás, lo que hacen es correr de un lado a otro, golpearse, arrastrarse unos a otros por el suelo y cuando se cansan se sientan con sus teléfonos.
En la iglesia tenemos apoyo escolar durante la semana, además de las clases de escuela bíblica los sábados, y adivina qué: OCURRE LO MISMO. De hecho, hay cajones con juguetes como rompecabezas, dados gigantes, bolos, muñecos, peluches y otras variedades; pero ellos no los usan. Y si lo hacen es para utilizarlos como arma y arrojárselos.
Al mirarlos pienso: ¿Qué ocurrió con juegos como "La rayuela" o el "elástico"? ¿Por qué las niñas no juegan a "la cocinita" como mis amigas cuando yo tenía su edad (o como mis hijas lo hacen)? Y ni hablar del trompo, la payana, las bolitas, la escondida...en fin.
Cuando digo que NO SABEN JUGAR me refiero al "juego reglado", en el que hay un inicio y un fin, una meta, una metodología, una manera de ganar, un triunfo pactado, reglas y consecuencias. Parece que eso no estuviera presente en sus momentos de recreación. Y ¿A qué se debe?
Creo que la causa podría ser compartida al menos por dos razones: Poco tiempo con los padres y mucho tiempo con los dispositivos.
EN EL PRIMER CASO, resulta que nuestra generación no inventó esos juegos, sino que los aprendimos de nuestros padres; y eso fue posible porque pasaban tiempo con nosotros. Recordamos las tardes en casa o en la plaza del barrio, donde nuestros tutores jugaban con nosotros. Mi papá me compró bolitas y me contaba anécdotas de cómo él desarmaba piñones de bicicleta para obtener las suyas; también me regaló un trompo y relataba historias de cómo él y sus amigos fabricaban los suyos con un clavo y el carozo de una palta. Todo eso requería TIEMPO, algo que actualmente no abunda y de lo que padres e hijos escasean.
¿Quién les enseñará los juegos tradicionales de las generaciones anteriores si los padres no están con ellos? Cuando llevo a mis hijas al parque y comenzamos a cantar "juguemos en el bosque mientras el lobo no está", en cuestión de segundos se acercan niños a querer participar, y para ellos es TODA UNA NOVEDAD ¿Dónde están sus padres que no les han enseñado tamaña tradición?
EN EL SEGUNDO CASO, no sólo es una compensación a lo anterior, además tiene el efecto de anular la imaginación y abstraer a los niños del mundo real y de otros niños. Cuando salen del celular y tienen que interactuar con el césped o con los vecinos, pareciera que no saben cómo hacerlo.
Pero, además ¿Has visto Roblox o Minecraft? Seguramente soy anticuado, pero NO ENTIENDO esos juegos, me resultan interminables. ¿Cuál es la meta? ¿Cuáles son las reglas? ¿Cómo colaboras con tu equipo? ¿Contra quién compites? ¿Cómo aprendes a manejar la frustración por la derrota?
Por supuesto que ellos sí le encuentran sentido, de otra forma no serían tan exitosos, pero la cuestión es ¿Qué aportan a nivel relacional?
Durante la pandemia de COVID19, cuando las escuelas cerraron y los chicos completaban tareas en casa, una amiga (que es psicopedagoga y madre) me dijo algo que no olvido: Los contenidos curriculares se pueden dictar en el hogar, pero hay otros aspectos del aprendizaje -como la socialización- que es irremplazable y nos costará mucho reponerlo cuando esto acabe.
¿Estaremos viendo precisamente eso?
En última instancia nos queda una pregunta para responder: ¿Qué puede hacer la iglesia en este sentido? Jamás creí plantearme esto, pero ¿Cómo les enseñamos a los niños a jugar?
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