ACOMPAÑA LA VISIÓN, NO SEAS OPOSITOR
¿QUIERES UNA VERDAD INCÓMODA?
Pues, listo o no, aquí va: Siempre hay posibilidad de que estés en desacuerdo con la visión de la iglesia a la que perteneces. Pero, aunque eso pase, puedes apoyarla de todas formas.
Como ocurre en un matrimonio, hay situaciones que pueden representar desavenencias, pero el matrimonio en su totalidad es más valioso.
¿A QUÉ ME REFIERO CUANDO HABLO DE "VISIÓN"?
Posiblemente sea un término tan usado en la eclesiología moderna que lo hayamos vaciado de su significado más profundo.
En líneas generales -y desde una mirada de la iglesia como una organización-, se entiende que la visión describe una imagen del futuro que esperamos, define los objetivos y sirve como marco de referencia para enfocar los esfuerzos.
Pero como la iglesia es más (mucho más) que una corporación, a la definición anterior tenemos que agregar que hay una visión completa y final de lo que ella debe llegar a ser dada por Dios mismo en la Escritura. La congregación local debe ajustarse primero a esa visión general del cuerpo de Cristo y dentro de ese marco encontrar el propósito específico del Señor para la comunidad.
Por ejemplo: Para una congregación que trabaja en un barrio marginado su visión quizás sea sacar a los jóvenes del ocio y de las drogas, mientras que para otra ubicada en el centro de una gran ciudad su visión tal vez sea alcanzar a los jóvenes universitarios y profesionales.
Ambas comparten la visión general: Ser una iglesia relevante para su contexto por medio del evangelio, aunque con una obvia diferencia en la visión particular.
OPOSITORES O COLABORADORES
Así que la visión de una congregación (que llega principal pero no exclusivamente por medio de su liderazgo) puede ir en una dirección en la que a mí no me parezca importante o correcta.
Pero he aquí la cuestión: vivimos acostumbrados a que, en otras áreas de la sociedad, quien no lidera se convierte en un "enemigo interno". Así ocurre en el ámbito laboral o en la política nacional, y existe el peligro de trasladarlo a nuestras relaciones en la iglesia.
Déjame contarte una historia. Hace unos años trabajamos en una iglesia que tenía una importante ambición (sana) de crecer en infraestructura: aumentar la capacidad del templo, instalar una radio, cosas como esas.
Para mi esposa y para mí eso nunca ha sido importante, más bien creemos que históricamente la iglesia se ha adaptado a las circunstancias para servir, incluso sigue siendo así en los países no alcanzados. Es decir: se puede ser iglesia sin todo el aparato al que estamos habituados.
Le planteamos al pastor y los líderes varias veces cual es nuestra mirada al respecto, pero para ellos la visión estaba clara: Había que construir para brindar mejores servicios.
Durante los años que estuvimos allí se realizaron ofrendas especiales para comprar materiales, actividades para recaudar dinero (como venta de pollos o empanadas), y luego el trabajo en sí mismo: colocar baldosas, pegar ladrillos, hacer la vereda, etc.
Y adivina qué: Como supones, allí estuvimos vendiendo pollo y mezclando cemento para construir (tengo fotografías que lo prueban). Una vez alguien me preguntó: "¿Esto no es ir en contra de tus convicciones?". Bueno, te diré que las convicciones no están todas a la misma altura.
Estoy convencido de que no es necesario construir templos, pero una convicción más profunda es que la unidad de la iglesia es vital y la sinergia nos lleva más lejos. Prefiero ceder ante ciertas cosas por el bien común, el buen testimonio, la convivencia armoniosa, el respeto a la autoridad, etc.
LA OPOSICIÓN ROMPE
En general, cuando dentro de la iglesia comienzan estas "pujas entre visiones disímiles" el resultado es que las relaciones y el trabajo se fracturan, las personas lo ven y les afecta, las cosas no acaban bien.
Ante este peligro creo que hay dos opciones:
1) Si no puedo adaptarme a la visión de la iglesia local, convendría buscar otra congregación en la que sí pueda incorporarme y sumar. Pero, ATENCIÓN, el proceso debe ser cuidadoso y bien guiado. No estoy pensando ni planteando el traspaso constante de una iglesia a otra hasta encontrar "un lugar donde me sienta cómodo". Al contrario.
Creo que cambiar de iglesia NO ES como cambiar de camisa. Tiene que ser una decisión construida sobre mucha oración, no basada en sentimientos momentáneos, concordada con las autoridades de ambas congregaciones, regada por el consejo de hermanos maduros y hacerse en una transición pacífica.
La idea es que todas las partes sean bendecidas y edificadas por la decisión.
2) Ordenar las prioridades y colocar en la base de mi accionar los principios y valores más importantes, así puedo aprender a ceder y resignar deseos o ideas con el fin de sumarme al trabajo conjunto en la dirección en que va la congregación.
Pertenecer a una iglesia fiel a la Escritura, donde somos verdaderamente pastoreados, donde mis hijas encuentran una comunidad de fe, donde puedo servir con libertad, son valores y bendiciones que no pretendo arriesgar por discusiones sobre formas y métodos.
Una cosa más. No estoy proponiendo que callemos ante lo que vemos diferente o consideramos un error, eso tampoco es sano (para nadie). La crítica, el consejo y una mirada distinta de las cosas son la variedad que enriquece a la iglesia.
Podemos opinar diferente, pero es más valioso aprender a acompañar la visión que convertirnos en opositores constantes.
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