WHATSAPP COMO HERRAMIENTA PASTORAL

 


Consolar, enseñar, aconsejar y corregir son acciones características de la tarea pastoral. Por años esto se hizo de dos maneras fundamentales: Desde el púlpito en las iglesias y mediante la visitación.
Sin embargo, desde hace unos años las relaciones interpersonales se vieron afectadas por la irrupción de ese fenómeno que son las redes sociales, la iglesia no quedó exenta al acontecimiento y hoy enfrenta un nuevo desafío: Adaptarse a la pastoral 2.0

EL MUNDO POS PANDEMIA

Es cierto que WhatsApp no inició como una red social, sino como un servicio de mensajería. Pero al igual que otras plataformas (como YouTube o TikTok -antes Musical.ly-) debió amoldarse a los gustos de los usuarios. Las redes marcan el pulso del mundo en que vivimos, si la aplicación no me permite crear comunidades e interactuar de manera más fluida con mis contactos se vuelve obsoleta.

El mundo ya había comenzado a transitar este camino de la virtualidad, pero la pandemia en 2020 aceleró las cosas. Entre todas las opciones para seguir en contacto pese a las restricciones, la aplicación del globo verde fue la que cobró mayor fuerza. 

¿Cómo? ¿Por qué? Te lo explico con un ejemplo:

En esa época trabajamos en una iglesia en la que una buena parte de los miembros vivían en lugares donde no había buena conectividad, además el mayor porcentaje de la congregación no poseía una computadora (sí, hay sitios en el interior de Argentina donde conseguir una PC y WiFi no es tan sencillo).
Acceder a plataformas de stream para las transmisiones en vivo, o cargar videos de YouTube era casi imposible para ellos. 

Pero lo que sí tenían a mano era un teléfono y una línea con crédito, que incluye megas de regalo y WhatsApp gratis; los archivos de audio, videos cortos, fotos, memes y mensajes no serían inconveniente. Creamos grupos donde enviar devocionales, todos podían reaccionar y comentar, enviaban sus pedidos de oración, etc. manteníamos la sensación de comunidad... llegaría a ser más que eso.

CONSEJERÍA 2.0 LLEGÓ PARA QUEDARSE

La pandemia acabó, pero los grupos de WhatsApp y nuestra familiaridad con la aplicación permanecen, esta evolucionó y nos ofrece más posibilidades que hace 5 años. La comunidad virtual es ya un hecho, encuentro algunas ventajas en esto:

1) WhatsApp es una aplicación liviana, versátil, gratuita (no se cobra por mensaje), económica, intuitiva y apta para todas las edades. 

2) Una de sus mayores ventajas es la fluidez en la comunicación mediante la multiplicidad de formatos y el enlace en tiempo real, lo que resulta esencial para la tarea pastoral.
Las épocas cambiaron, hace unos años podía yo salir a visitar a los miembros de la congregación y en una tarde recorrer dos o tres casas; las familias solían estar allí, disponían de unos minutos (o hasta horas) para recibirme. 
Pero hoy vivimos a otra velocidad, con más ocupaciones, coordinar una visita a veces lleva días. En este contexto WhatsApp me permite estar en comunicación constante y en conocimiento de mi congregación, aunque no podamos encontrarnos personalmente más allá de las reuniones.

3) Otra ventaja la encuentro en poder conocer lo que ellos hacen en tiempo real. En otro momento tendría que esperar hasta platicar para enterarme que salieron en familia a comer, o que visitaron a la abuelita en el interior; etc. Ahora, puedo ver en sus estados LO QUE ESTÁN HACIENDO y en el momento en que lo hacen.
Quiero que me entiendas, no se trata de vigilar los movimientos de las personas e invadir su privacidad, sino de tener conocimiento de sus vidas, sus experiencias, de estar al tanto de lo que les ocurre, de lo que les gusta y atento a sus necesidades.

4) No es extraño encontrarme con personas que prefieren contarme sus luchas y problemas mediante mensaje -o al menos se sienten cómodos así-. 
Quizás porque piensan que pueden expresarse mejor sin los nervios o la vergüenza de mirarme a los ojos, o por la instantaneidad ("estoy batallando con una tentación ahora, necesito ayuda ahora"), lo cierto es que la consejería virtual forma parte de nuestras vidas. 

Como lo veo, tenemos dos opciones: 
Podemos pelear contra esto e insistir en que la presencialidad es lo mejor y que la virtualidad no es el ideal de Dios para la iglesia.
O podemos incorporar este método al trabajo pastoral (sin negar la riqueza de la presencialidad, ni las ventajas de la virtualidad).

Si eliges -como yo- la segunda opción, hay algunas cosas a tener en cuenta que pueden ser útiles:

CONSEJOS PARA LA CONSEJERÍA 2.0

1.- No te hagas esclavo del celular: Imagina que duermes en la iglesia con la puerta abierta, de modo que a cualquier horario de la noche y madrugada las personas pueden entrar y despertarte para hablar. ¿Ridículo? Pues es similar a acostarnos por la noche en casa, pero mantener el móvil conectado en la mesa de luz.
Que las personas puedan escribir en cualquier horario no significa que deban hacerlo. Instantáneo no es urgente.
Puedes avisar a los hermanos que, ante una situación grave, llamen por la línea de teléfono; dale importancia a tu descanso y al tiempo con tu familia.

2.- No satures los grupos con mensajes: Es una tentación responder a cada mensaje. Además, la intención de crear un grupo es darle a cada miembro la oportunidad de interactuar.

Con todo, debo advertir que tenemos al menos una decena de grupos en la aplicación: grupo de la familia, dos o tres de la iglesia, de padres de la escuela al menos uno por cada hijo, de amigos, del futbol de los jueves, etc. 
Esto hace que se acumulen mensajes en nuestro dispositivo y, la verdad, es que no leemos todo. La razón es que nos cansa, pero el problema es que en ese hábito pasamos por alto mensajes importantes.

Por eso, procura que los mensajes en los grupos sean pocos, específicos y en horarios oportunos. Si ves que los integrantes no respetarán estas reglas tal vez conviene configurar la app para que sólo los administradores puedan escribir. 

3.- Interpreta el lenguaje de la red social: Si fueras a vivir a otro país (o si te ha tocado hacerlo) tendrías que aprender el idioma, y aunque sea el mismo que hablas sin duda hay usos y modos del lenguaje que difieren del tuyo, es un proceso de adaptación. Entender las palabras, qué significan y cómo se utilizan, es un apartado importante en la misión transcultural con el fin de compartir eficazmente el evangelio.
Pues resulta que en las redes sociales, aunque te cueste creerlo, ocurre algo similar.

Los usuarios frecuentes (sobre todo los más jóvenes) no hablan exactamente el mismo idioma que nosotros. Debes aprender a identificar los códigos si quieres evitar ofensas o simplemente ser ineficaz en la transmisión del contenido... "literal".

4.- Recuerda que es sólo una herramienta: La iglesia NO ES el grupo de WhatsApp, la tarea pastoral NO ES enviar devocionales o recibir mensajes pidiendo consejo. 
Se trata de una herramienta del mundo moderno, nada más y nada menos, tiene sus ventajas y desventajas, fortalezas y amenazas, tal como ha ocurrido con la aparición de cada avance tecnológico en la historia.
Pero congregarse y servir al Señor requieren de más que estar presentes en el móvil.

Estos días leí algo que me gustaría compartirte: "Pastor, tu llamado no es ser relevante en las redes sociales, sino cuidar las almas de los redimidos". Tenlo en cuenta.

Deja tu opinión en los comentarios y encuentra más contenido en mis redes sociales:

Comentarios

Entradas populares de este blog

THERIANS: ¿DEBEMOS PREOCUPARNOS?

¿CÓMO IMPACTAN LOS HIJOS EN LA VIDA SEXUAL DEL MATRIMONIO?

LOS FABULOSOS 90´S Y SU IMPACTO EN LA IGLESIA DE HOY