QUIERO CAMBIAR DE IGLESIA ¿QUÉ DEBO SABER?
Es posible que la simple idea provoque urticaria en algunos, pero déjame decirte dos cosas:
La primera es que esta es una realidad inevitable. Los creyentes se mudan de congregación y no podemos detenerlos (y hasta cierto punto no corresponde que lo intentemos porque son decisiones libres del individuo).
La segunda es que NO SIEMPRE es algo malo. Solemos pensar en cambios de congregación como resultado de una crisis o contienda, pero hay más razones para tomar este camino; por ejemplo: un cambio de domicilio.
Así que en este artículo exploraremos algunos pasos a seguir y principios para tener en cuenta a la hora de cambiar de congregación. Veamos.
1) PROCURA MANTENER BUENAS RELACIONES CON LOS PASTORES Y LA CONGREGACIÓN DE LA QUE SALES
Resuenan las palabras del apóstol Pablo a los Romanos: "si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres" (Ro. 12:18).
Justamente por no tener en cuenta algunos de los criterios que consideraremos a continuación, la salida de un hermano o de una familia de una congregación suele ser compleja, y en situaciones como esta ninguna de las partes parece colaborar. Pueden surgir sentimientos de traición, heridas, incomprensión, celos, en fin, toda clase de males.
Pero es importante recordar que, más allá de las razones que catalizaron la decisión, somos hermanos en Cristo, unidos por un vínculo espiritual, divino, muy superior a nosotros mismos y al cual debemos cuidar. El nombre de nuestro Señor está de por medio y el testimonio de la iglesia por igual.
Es necesario dejar de lado las discusiones, peleas y pretensiones personales, favoreciendo las buenas relaciones y la paz, como principio espiritual y el deseo de Dios para sus hijos.
Además, en un sentido mucho más práctico y cotidiano, no conocemos "las vueltas de la vida" y cuando nos tocará reencontrarnos.
2) EXPLICA A TUS LÍDERES LAS RAZONES REALES, AUNQUE FUERE INCÓMODO
Si decides cambiar de congregación por un altercado, por desajustes en la visión, porque la predicación te resulta ajena a la enseñanza bíblica, o por cualquier motivo que fuere, no te vayas simplemente. No desaparezcas sin dar explicaciones.
Que desprolijo y triste es cuando una persona deja de asistir a las reuniones, sale de los grupos de WhatsApp, y no sabemos qué ocurre.
En estos años de ministerio pastoral hemos vivido muchas veces estas situaciones y es realmente desconcertante. Pero también ha habido personas que se acercaron a comentarnos sus intenciones y los motivos: porque han tenido problemas con otros hermanos y no nos involucra a nosotros -los pastores-, porque el programa de Navidad fue realizado el 20 y no el 25 de diciembre, porque una prima los invitó a asistir con ellos a su congregación, porque creen que sus ministerios se adaptan mejor a la visión de otra iglesia...no importa, valoramos que fueran honestos al respecto.
Por otro lado, sé que hay pastores que no facilitan esta conversación porque suelen ser algo ásperos o distantes, otros son casi posesivos con las personas y celosos de su iglesia, las familias no se sienten cómodas de conversar con ellos y muchos prefieren obviar la discusión, el mal momento y desaparecer sin más.
Pero esto no es bueno. Evita la vergüenza, las suspicacias y el mal testimonio, acércate a conversar y a explicar qué piensas y cómo te sientes, si en el momento te resulta difícil considera que a la larga cosecharás paz interior y en tus relaciones.
3) HAZ TODO LO QUE ESTÉ A TU ALCANCE PARA RESTAURAR LAS RELACIONES ROTAS
Si la razón por la que decides cambiar de iglesia es porque hubo altercados, considera que esta decisión sea la última en la lista de posibles soluciones.
No ignoro que hay ocasiones en que las relaciones están tan desgastadas que es necesario cambiar el entorno, sobre todo si ocupas lugares de liderazgo y estás en medio de los pastores y la congregación (incluso lo hemos recomendado en ciertas ocasiones, cuando la relación pastor/miembro está gastada suele causar muchos dolores); o si se trata de una iglesia pequeña donde la mayoría son familiares y esto genera incomodidad, los límites son difíciles de reconocer y situaciones del entorno filial son trasladadas a la congregación. Casos así ameritan, lo sé, un cambio.
Pero antes de irte asegúrate de que hiciste todo lo posible para reparar lo que está mal. Cambiar de iglesia no puede ser la primera solución que busques, al menos por dos razones:
Primero, te llevas la causa del problema contigo mismo a donde quiera que vayas. No es cómodo pensar así porque preferimos creer que nosotros no somos culpables, pero si lo primero que deseamos ante un problema es alejarnos, somos causantes del conflicto y no una solución.
Ese problema no resuelto, los sentimientos no aclarados y las ofensas no encaradas, permanecen en el corazón. Piensa que el perdón real debe llevar a la reconciliación (ese es el ejemplo de Dios en Cristo).
En Hechos 15 leemos que Pablo y Bernabé tuvieron un altercado a causa de Juan Marcos, tal que no les permitió continuar sirviendo juntos (puede ocurrir), pero el mismo texto deja ver que la separación no fue lo primero en que pensaron, tal es así que la relación entre ellos sigue sana y más adelante el mismo apóstol pedirá por el evangelista (2 Tim. 4:11).
Segundo, huir sin buscar solución se convierte en un patrón de conducta, luego te resulta sencillo mudarte cada vez que haya un inconveniente (y los habrá, créeme, en cualquier iglesia a la que vayas).
Cuando esto ocurre lo que tenemos como resultado es un grupo de creyentes que no acaban de arraigarse en un lugar. Sienten que cambiar de congregación es como cambiar de camisa, lo cual obviamente impacta en su desarrollo espiritual convirtiéndose en un círculo vicioso: la falta de arraigo no les concede madurez, y la falta de madurez no les permite arraigarse.
4) ASEGURATE DE QUE LA IGLESIA A LA QUE TE CAMBIAS, SEA UNA IGLESIA BÍBLICA, DONDE SEAS PASTOREADO Y PUEDAS SERVIR
Cambiar de iglesia es una decisión importante, implica un gran vuelco para la familia, un transición problemática para los hijos pequeños y adolescentes, y generalmente causa mucho sufrimiento, procura que todo valdrá la pena.
Si vas a buscar otra iglesia local que sea para estar mejor, crecer espiritualmente, ser pastoreados, tener nuevos desafíos de fe y oportunidades de servir.
Mudarnos de iglesia para encontrarnos después de un tiempo más alejados del servicio, reticentes al liderazgo, escapando del llamado, más ocupados en nuestros proyectos que en la causa del Señor, sin tener guía espiritual, atravesando solos las crisis, flaqueando en la vida de oración, etc., habrá sido un retroceso y no una ganancia.
Por ello insisto en que es una decisión importante, coyuntural, que debe ser evaluada y tomada muy en serio.
5) BUSCA UNA CONGREGACION CERCANA A TU HOGAR
Honestamente, muchos cristianos no consideran este factor como algo importante, pero lo es.
La cercanía de la iglesia es necesaria para congregarte con frecuencia y mantener encendida la llama del servicio y el compañerismo cristiano.
¿Sabes cuantas personas han dejado de servir activamente, o congregarse asiduamente, porque la iglesia les queda lejos? ¿Imaginas cuál ha sido el impacto en su vida espiritual?
A veces los creyentes se frustran porque desearían estar más presentes en la vida de la congregación, o ser más tenidos en cuenta para ciertas labores y cargos, o asistir a dos o tres reuniones a la semana; pero no les rinde el tiempo, o el clima es demasiado duro y la distancia lo hace sentir más, pues no es igual viajar una noche fría durante 40 minutos en ómnibus que caminar 7 cuadras.
Estar cerca favorece los vínculos y las oportunidades. Estar lejos dificulta las relaciones.
Vivimos en ciudades donde, por lo general, hay buenas iglesias (no perfectas) a mano, lo que nos da la posibilidad de reunir los requisitos anteriores (bíblica, seria, pastoral y cercana). Procura asistir durante un tiempo antes de cambiar, conoce los manejos, reconoce los errores con corazón humilde y actitud conciliadora, solicita varias entrevistas con los pastores, interiorízate en los aspectos más importantes (no te dejes llevar por la calidez de la bienvenida, o los estímulos de la música, o la puesta en escena durante el servicio).
Luego, tras mucha oración, pide una carta de recomendación a tus pastores y líderes actuales, busca su bendición y comprométete con una nueva comunidad de fe.
AHORA, DIME: ¿Qué agregarías a esta lista? Cuéntanos tu experiencia y comparte qué podemos aprender de ello.
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