LA VERDADERA EXCELENCIA QUE DIOS ESPERA
"¿Acaso nosotros podemos juzgar lo que Dios considera excelente?"
Es una buena pregunta. Si por "juzgar nosotros" nos referimos a valernos de nuestros propios criterios para hacerlo, claramente la respuesta es un rotundo "NO".
Pero si pensamos en nuestra responsabilidad de evaluarnos a la luz de lo que Él mismo ha revelado en qué consiste la excelencia, entonces diremos que sí.
No solo es una posibilidad, hasta es un deber. De otra forma, corremos el riesgo de repetir un error común en la historia: concentrarnos demasiado en aquello que el Señor NO nos pide.
¿QUÉ ES LA EXCELENCIA?
Bueno, aquí es necesario pensar en la definición académica para luego hacernos algunas preguntas:
Procedente del vocablo en latín excellentia, la excelencia es una palabra que permite resaltar la considerable calidad que convierte a un individuo u objeto en merecedor de una estima y aprecio elevados. La noción de excelencia, por lo tanto, se relaciona a la idea de perfección y a las características sobresalientes. El término señala aquello que está por encima del resto y que posee escasas falencias o puntos débiles
Pero, entonces, cuando un niño realiza un dibujo como tarea escolar y su maestra lo califica con "excelente" ¿Queremos decir que lo hizo igual que un artista profesional? ¿Esperamos de un niño la misma obra de arte que de un adulto?
Obviamente no, lo que decimos es que el pequeño lo hizo de la mejor manera que puede, ha sido excelente "según sus posibilidades".
Esto es importante porque en muchos planos de la vida cotidiana ya hemos entendido que la excelencia tiene más relación con "dar lo mejor de acuerdo a mis posibilidades", que con la perfección.
Por lo tanto, al pensar en la vida cristiana, necesito recordar que "lo mejor" que puedo darle a Dios -según, insisto, Él mismo ha revelado- no consiste en los materiales de construcción, ni en el equipamiento multimedia, ni en sofisticados acordes que ejecuto con mi instrumento, ni en la portada del libro que publicaré, etc.
Para el Señor la EXCELENCIA pasa principalmente por aspectos tales como: ¿Hay orgullo o rencor en mi corazón? ¿Viven mis hijos un ejemplo de fe? ¿Encarno en mi matrimonio el carácter cristiano?
Pensemos en las palabras de Samuel: "No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura (...) La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón" (1 Samuel 16.7).
Es probable que algunos hayan torcido estas palabras para justificar la mediocridad en el servicio, pero lo que ellos hicieran no cambia el espíritu del texto. La advertencia es para el profeta a que no se deje llevar por "cómo luce" porque eso no es esencial para Dios.
¿Y qué hay de la exhortación de Pablo a los Romanos? "Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios" (Romanos 12.1)
Una vez más, la idea de adoración genuina, santa, agradable, excelente no está vinculada a las apariencias sino a la actitud interna.
Buenos acordes, un templo moderno, contenido innovador en redes, o cualquier cosa que se le parezca no impresiona al Señor, él mira el corazón.
EL EJEMPLO DEL TEMPLO
"Pero, cuando se construyó el Tabernáculo (y posteriormente el Templo), todo estaba hecho con lo mejor. Eso nos demuestra que debemos invertir en lo máximo para Dios".
Hay una verdad a medias.
Que tenemos que dar lo mejor para nuestro Señor no alberga dudas, cualquier cristiano honesto aceptará eso con gusto, el punto es: ¿En qué debemos dar lo mejor? ¿Por qué Israel dispuso oro, plata y piedras preciosas, pero no hay nada parecido en el Nuevo Pacto?
En realidad, hay una referencia a ello, un contraste entre "oro, plata y piedras preciosas" contra "madera, heno y hojarasca"; (1 Corintios 3.12) pero incluso allí el apóstol está usando la metáfora para ilustrar la calidad del servicio desarrollado sobre el fundamento de Cristo.
De hecho, el contexto del pasaje (y de toda la epístola) es una crítica a la carnalidad con la que los creyentes Corintios vivían: una iglesia "enriquecida en todo" (1 Cor. 1.5) pero que no estaba agradando a Dios.
Bien. En el Antiguo Pacto las formas eran importantes porque el símbolo era necesario, pero en el Nuevo Pacto, cuando el símbolo ya no es necesario, no leemos más demandas acerca de ello. Es decir, el lujo del Tabernáculo tenía como fin ilustrar verdades espirituales que se hacen realidad en Cristo y por medio de Él.
El Nuevo Testamento no es enfático en las formas sino en el carácter. ¿Leíste instrucciones apostólicas acerca de los elementos del culto? Sin embargo, creo que rápidamente podrás recordar indicaciones sobre el espíritu del culto. ¿Cuántas canciones cantar? ¿Cuánto debe durar el sermón? ¿De qué manera se recogerá la ofrenda? No son asuntos importantes para los autores bíblicos.
Pero que todos participen activamente de la adoración (1 Cor. 14.26); que la predicación sea basada en la Escritura (2 Tim 4.1-2); o la actitud con que ofrendamos (2 Cor. 8.10-12) sí son asuntos sustanciales del culto cristiano.
Puedes chequear 1 Corintios 12: El hilo conductor en el debate sobre los dones no es "cómo se expresan en el servicio público", o "la prolijidad de la liturgia", sino en qué condición espiritual se encuentran los creyentes que desean servir con esas daciones divinas. El orden, la participación comunitaria, la edificación y demás asuntos serán el resultado de la madurez de los cristianos.
Una pregunta, irrisoria si se quiere, ilustra el punto: "¿Qué le importa más a Dios, la calidad de las sillas o la condición del creyente que las ocupa?".
CONCLUSIÓN
Me gusta recordar a los hermanos misioneros que con pocos recursos y menos comodidades que las nuestras están llevando adelante una obra maravillosa en el Señor.
Hubo una época en que procuraba con denuedo tener instrumentos costosos, aulas equipadas, músicos de nivel, vehículos, calefacción y aire acondicionado en el templo, equipos de sonido de alta definición y cosas como esas.
Pero, si no hay creyentes maduros que puedan asumir el liderazgo; si los matrimonios atraviesan constantes crisis; si el testimonio de los cristianos no impacta la sociedad; si los jóvenes desconocen o desoyen su llamado ¿No habré fallado como pastor? ¿No habremos errado como iglesia?
Cuando Cristo regrese ¿Que vendrá a buscar? ¿Lo encontrará entre nosotros? ¿Lo hallará en mí?
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