LA VISITACIÓN: UN MINISTERIO CON MUCHO POTENCIAL (y que todos pueden desarrollar)
En general, el mundo evangélico entiende la visitación como una tarea exclusiva de los pastores (y en el mejor de los casos, de algunos líderes). El resultado ha sido, en mi opinión, la reducción de un poderoso ministerio tan antiguo como la iglesia misma a una tarea más en la agenda pastoral, a veces desarrollada como una carga.
Pero ¿Qué enseña la Biblia sobre la visitación?
LOS DOS PASAJES
Quizás te resulte extraño, pero en el Nuevo Testamento sólo hay dos textos que hablan específicamente de VISITAR (aunque hay otros tantos que implican o podrían incluir tal labor).
El primero que consideraremos (no en orden canónico ni cronológico, sino porque quizás sea el más conocido y predicado) es Santiago 1.27:
"La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo".
Estas palabras son escritas en el contexto de la "verdadera adoración" (la religión pura), que es el tema que el apóstol está tratando y, de hecho, es el hilo conductor de toda la epístola.
Santiago tiene en mente responder una pregunta: ¿En qué consiste la verdadera piedad? ¿Cómo es una vida que adora a Dios?
Es precisamente en el desarrollo de ese pensamiento que incluye esta declaración.
Entonces, lo que ocupa la atención del autor bíblico no es el ACTO en sí de la visitación, sino lo que la inspira, cuál es el motor que lleva a la acción. En otras palabras, la discusión se centra en qué debiera motivar a los creyentes a visitarse y estar en comunión; pues en este caso será el deseo de mostrar compasión (cf 1 Tim. 5.3-4).
El comentarista Mc Laren señala que este "es un texto que se cita más a menudo de lo que se entiende", y agrega:
"Santiago no quiere decir que visitar a los huérfanos y a las viudas debe tomarse como una declaración completa de nuestros deberes hacia los demás. Él señala esa forma que adoptarán la compasión y la esperanza, como un ejemplo típico de toda la clase de acciones en las que se expresará el amor".
Quiero señalar aquí que la palabra traducida como "visitar" en griego es "episkeptomai", de la raíz episkopos, de donde viene nuestro término "obispo"; lo cual podría alimentar la idea de que es una tarea exclusiva del liderazgo, aunque no es el uso ni el énfasis que Santiago le está dando aquí al vocablo.
Aunque claramente sí es una obra pastoral ya que significa "supervisar, cuidar, mirar, proveer, ayudar, estar atento -a las necesidades-".
De ahí que en algunas biblias se lee: "ayudar" (Dios Habla Hoy y Nueva Biblia Viva); "Ocuparse" (Nueva Traducción Viviente); "atender" (Nueva Versión Internacional); "asistir" (Biblia La Palabra) y "cuidar" (Reina Valera Actualizada). Pues la idea es justamente la de visitar con el fin de estar al pendiente para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de los hermanos.
Por otro lado, ante la opinión de que esta es una obligación sólo de los pastores, es importante notar que aquí Santiago NO ESTÁ DANDO instrucciones pastorales (como en los pasajes conocidos de 1 Timoteo 3, o Tito 3, por ejemplo), sino una exhortación a TODOS LOS CREYENTES, y está estableciendo un contraste con el versículo anterior en que llama la atención a quienes "se creen religiosos" (léase: devotos, espirituales o piadosos).
El punto es este: UNA ADORACIÓN GENUINA CONSISTE EN ESTAR ATENTO A LOS DEMÁS y preservarse sin pecado delante de Dios, la verdadera piedad es un compromiso de vida con el Señor y con quienes son suyos. Este compromiso se hará visible, entre otras cosas, mediante las muestras de compasión hacia los hermanos, el cuidado y atención integral que les propinemos (visitación).
El segundo pasaje que trataremos aquí (superficialmente, debo aclarar) es similar y lo encontramos en Mateo 25.36:
"estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí"
Las palabras están en los labios de Jesús. El vocablo utilizado es el mismo que en el texto de Santiago y la idea del sermón de Cristo es la misma: La fe genuina, que salva, se hace visible en las acciones y una de ellas es cuidar de los demás. Una vez más, no son instrucciones para un grupo específico (pudieron ser los apóstoles en este caso), sino para todos aquellos que dicen aceptar el Señorío de Cristo y seguirle.
Y claro, esto coincide con las enseñanzas del Nuevo Testamento: Amar a Cristo es amar a los demás, el amor se ve en acciones voluntarias, el servicio a la Iglesia es adoración a Dios, entre otras.
LOS QUE SON VISITADOS
Veamos ahora otro aspecto de la visitación. Si recién pensamos en quiénes pueden y deben atender a otros mediante dicho ministerio, debemos preguntarnos también A QUIÉNES. Este no es un detalle menor.
Remitámonos a los textos de Santiago y de Mateo anteriormente presentados. En ambos casos (y en aquellos otros pasajes que pudieran implicar la tarea) el Espíritu Santo nos alienta a visitar a aquellos que POR ALGUNA RAZÓN DE FUERZA MAYOR -pobreza, enfermedad o prisión- no pueden participar de la koinonía, la comunión del cuerpo de Cristo.
¿Y por qué esto es importante?
Bueno, porque en la práctica es muy común que los creyentes que NO ESTÁN IMPEDIDOS para congregarse, pero deciden no hacerlo -porque no les gusta invertir tiempo en más reuniones, o porque tienen otras prioridades, o lo que fuera-, esperen y reclamen ser visitados.
En otras palabras, estos hermanos suponen que su vida espiritual y su crecimiento cristiano depende de las visitas ocasionales del pastor y no de una relación fluida con su congregación local para la instrucción y el servicio continuos; lo cual (por si fuera necesario aclarar) no es la enseñanza de la Escritura con respecto a la iglesia y su función en el desarrollo del carácter y de la fe.
La visita tiene como objetivo acercar los dones de la iglesia a quienes no pueden acceder a ellos por sus propios medios. No es el fin de la visitación consentir a los creyentes que en su inmadurez desacreditan la riqueza de la comunión cristiana.
A modo de resumen, respondamos estas preguntas:
¿Quiénes pueden visitar? Todo creyente puede hacerlo. Es necesario, sin embargo, tener algunos recaudos. Por ejemplo: Evitar el chisme, no involucrarse en problemas a los que no podrá prestar ayuda, procure no usar la visitación para socavar el liderazgo de su iglesia local (como lo que Absalón intentó hacer contra David), trabaje por madurar en su fe para que la visitación sea un ministerio eficiente, haga las visitas en comunión con la iglesia y en sujeción a sus líderes, y no visite miembros activos de otras congregaciones.
¿A quiénes visitar? A quienes lo requieren ante circunstancias exigentes. Enfermos en sus casas o internos en el hospital, presos, hermanos en duelo, creyentes alejados por motivos reales que necesitan ser restaurados. Como consejo: no insista en visitar a quienes no lo desean, llegar al hogar o cuarto de hospital de una persona puede ser percibido como invasión a la intimidad, hay quienes no se sienten cómodos con ello y tal vez prefieran coordinar una cita en la oficina de la iglesia. Conviene, aprovechando esta era de la comunicación, coordinar previamente.
¿Para qué los visitamos? Para atender a sus necesidades materiales y espirituales. Esto significa: desde llevar una canasta de alimentos hasta compartir la Palabra y orar juntos. El tiempo que invertimos en la visitación es valioso (recuerde que es tiempo que podemos dedicar a otros asuntos del Reino y para la edificación de la iglesia), evite las visitas triviales que duran horas y no edifican. Además, tenga cuidado de los contextos y situaciones en los que realiza la visita (un cumpleaños al que no fue invitado, un matrimonio en yugo desigual, una casa donde se practica la brujería, por citar algunos ejemplos)
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