¿DEBO SEGUIR ESCUCHANDO A QUIEN PECÓ?
Es, ante todo, una pregunta honesta de muchas personas no sólo en este caso, sino en muchos otros que se han presentado en la historia (reciente y no tan reciente) de la iglesia.
Cuando un líder, o una persona reconocida en el ámbito, o uno de sus hijos cae en pecado algunos creyentes entran en conflicto, pues: sus mensajes, sus libros, sus canciones, su contenido es bíblico y ha servido de edificación, pero su testimonio mancha la reputación y avergüenza el evangelio y ¿Acaso la Biblia no advierte sobre esto?
Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
1 Timoteo 4.16
Bueno, tengo que decir que -lamentablemente- hay más casos de estos de los que quisiéramos conocer, pero veamos algunas cuestiones que podrían ayudarnos.
¿HAY ARREPENTIMIENTO Y CONFESIÓN?
Pensemos en un gran héroe de la Biblia que cometió un enorme pecado (hay más de uno, lo sé). Hablo del extraordinario Rey David.
Está bien arriba en mi lista de hombres admirables, a pesar de su adulterio y la traición a Urías que incluyó un plan para asesinarlo. Sin embargo, seguimos cantando sus Salmos y son de inspiración y fortaleza en nuestra vida.
¿Cómo es esto posible? Ante todo, se lo debemos a la misericordia y gracia de Dios, pero además porque David confesó su pecado (no inmediatamente, sino al ser confrontado por el profeta Natán) y se arrepintió por ello.
De hecho, compone el Salmo 51 en esa misma circunstancia. ¿Qué? ¿Un Salmo compuesto por un pecador depravado? Maravilloso.
"Al director musical. Salmo de David, cuando el profeta Natán fue a verlo por haber cometido David adulterio con Betsabé.
Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones" (Salmo 51.1 y título).
Así que, en este contexto, sería bueno preguntarnos -como primera medida- si la persona que ha caído muestra esta actitud de humildad ante Dios y ante la iglesia. Ya sea que él o ella confiese su pecado, o que sea descubierto y confrontado, ¿Cómo continúa su caminar?
Si hay arrepentimiento, hay oportunidad de cambio y restauración. Pienso que es injusto para con las personas y para con Dios que las ha llamado, desecharlas y renegar de su ministerio cuando incurren en alguna falta, por más grave que fuera.
"Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado" (Gálatas 6.1)
Pero, si muestran orgullo y en lugar de arrepentirse permanecen en su conducta, se justifican y hasta se apartan de la iglesia; están buscando su propio juicio.
"Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe. Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás para que aprendan a no blasfemar" (1 Timoteo 1.19-20)
Recién cité el ejemplo de David, su pecado y su restauración; el polo opuesto es el de su predecesor: Saúl.
¿Puedo seguir escuchando a un hermano que ha caído en pecado? Bueno, si hay arrepentimiento es una buena señal de que sólo se trata de un lamentable tropiezo en la vida de un hombre o mujer de una fe genuina. Es mi hermano o hermana.
¿SU CONTENIDO SE AJUSTA A LA ESCRITURA?
Esta cuestión me parece más determinante, intentaré explicar de la mejor manera por qué.
Nuestras vidas no son transformadas por el ejemplo moral de otros sino por la autoridad de la Palabra eterna e incorruptible del Señor.
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia
2 Timoteo 3.16
Es verdad que quien predica debe respaldar su mensaje con el testimonio. También es cierto que el creyente consciente del poder de Dios busca vivir en santidad para reflejarle con mayor gloria. Sin embargo, no es menos cierto que el Señor ha usado para sus propósitos a personas que nosotros no consideraríamos para tal fin.
Sansón, Tamar, Ciro rey de Persia y hasta Balaam fueron instrumentos en manos del Señor, aunque sus vidas no fueran excelentes o consagradas (al menos circunstancialmente).
Con esto no trato de justificar un comportamiento ajeno a las Escrituras. Lejos de ello, predico y busco un estilo de vida que honre a Cristo. Pero lo que espero que sea evidente es que Dios NO ES DETERMINADO por nuestras acciones, ni su poder pierde alcance por nuestras debilidades.
Frecuentemente me encuentro con personas que se alejan de Dios porque han sido heridas por la iglesia como institución, o un hermano dentro de la comunidad cristiana, y cuánto anhelo que ellos entiendan que no deberían acusar al Señor de nuestros errores.
Me incluyo, seguramente ofendo y traiciono a algún creyente, pero no quisiera que se enojen con Cristo o descrean de la Palabra de Dios porque yo les haya fallado.
"¿Qué importa? Al fin y al cabo, y sea como sea, con motivos falsos o con sinceridad, se predica a Cristo. Por esto me alegro; es más, seguiré alegrándome" (Filipenses 1.18)
Cuando el apóstol Pablo dirige estas palabras a los creyentes en Filipos les advierte sobre algunos personajes que predicaban el evangelio por orgullo y egoísmo; pero de inmediato su pensamiento voltea a reconocer que Dios no es ajeno a ello, Él es soberano y conducirá el mensaje a los corazones a los que debe llegar para su salvación, independientemente de quien lo predique y de cuáles sean sus motivaciones.
De manera que, en el marco de la pregunta inicial, puedo decir que si el contenido se ajusta a las Escrituras -que son las que en verdad traen vida y restauración-, el mismo puede continuar sirviendo a nuestra edificación más allá de la condición de las personas que lo produjeron.
¿Puedo escuchar a quien pecó? Si su mensaje está basado en la Revelación de Dios creo que sí, pero eso no justifica ni aprueba su accionar ni sus decisiones. Recordá estas palabras de Jesús:
"Los maestros de la Ley y los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés. Así que ustedes deben obedecerlos y hacer todo lo que les digan. Pero no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican" (Marcos 23.2-3)
CONCLUSIÓN
Creo que como creyentes maduros podemos discernir entre Cristo y las personas, el poder de Dios y la virtud de la iglesia, el contenido cristiano y la Escritura, la teología y la Biblia, etc.
La pregunta que origina este artículo puede evidenciar un corazón sencillo que busca seguir los caminos del Señor. Confiemos en Dios, sobre todo.
Y en cuanto a aquellos hermanos que han caído, oremos por su arrepentimiento y restauración, para que ese testimonio sea más fuerte que el de su tropiezo.
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