EL MINISTERIO CON LOS NIÑOS ES HOY
"Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios"
(Marcos 10.13-14 RV60)
Siempre hay quienes subestiman el trabajo con las nuevas generaciones, incluso sin malas intenciones; aunque por lo general la iglesia ha desarrollado una tarea loable en este sentido. Pero hoy quiero plantear algo más: Lo que estamos haciendo ¿Es suficiente?
Es posible que todavía desarrollemos modelos de ministerio de otras épocas y el riesgo es que no estemos presentando respuestas para las necesidades actuales. Pasá a pensar conmigo.
PASADO
Hace unos veinticinco años (cuando yo era adolescente) una de las preocupaciones de la sociedad en general eran los embarazos precoces. ¿Te acordás del concepto?
Lo tengo presente porque era el debate entre profesionales de la educación, tema recurrente en los medios de comunicación y una alerta en la iglesia. Era una realidad, incluso entre mis amigos y compañeros del colegio: Un aumento casi incontenible de madres y padres adolescentes (entre 15 y 19 años). Por el año 2001 la OMS estimaba que, en Argentina, cerca de 100 de cada 1.000 embarazos se daba entre esas edades.
Por otro lado, los divorcios, que impactan directa y negativamente en los niños, no eran un tema de urgencia. Hacia fines de los 90 en Argentina la tasa de divorcios rondaba entre 0.7 y 1.2 por cada 1.000 habitantes (el divorcio vincular es legal en nuestro país desde 1987). En otras palabras: La mayoría de mis amigos y compañeros vivía con su papá y mamá, lo que generaba cierta estabilidad, modelos de autoridad, marcos de disciplina, etc.
Sin embargo, la tendencia en cuanto a los divorcios comenzaba a aumentar (en 2005 la tasa era de 1.4 con tendencia creciente) mientras que la tasa de matrimonios descendía (de 10% en 1990 a 6.4% en 1998, en Argentina); lo que daría como resultado más familias disfuncionales.
¿Tendría eso un impacto en la niñez de hoy?
PRESENTE
Te presentaré una lista de las problemáticas actuales (que preocupan a gobiernos y organizaciones) entre los niños y, mientras la lees, te propongo el siguiente ejercicio: Pensá cuáles de estas eran urgencias durante tu infancia, o si existía entonces alguna situación similar. Comencemos.
1. Salud mental y emocional: Ansiedad, estrés y depresión infantil (han aumentado notablemente, sobre todo tras la pandemia de COVID-19), soledad y desconexión emocional (a menudo derivadas del exceso de pantallas y la reducción del juego al aire libre), presión académica o social (incluso desde edades tempranas, por el rendimiento, imagen o pertenencia).
3. Ambientes familiares frágiles o violentos: Separación de los padres, violencia doméstica, negligencia emocional o económica. En algunos casos, abandono o falta de referentes adultos positivos. Padres con escaso tiempo para estar presentes, aunque vivan en el mismo hogar.
4. Pobreza y desigualdad: Falta de acceso a alimentación adecuada, salud, educación y vivienda digna. En muchos países, niños aún trabajan o dejan la escuela para ayudar a su familia. La pobreza también afecta el desarrollo emocional y las oportunidades futuras.5. Problemas educativos: Desigualdad en el acceso a la educación de calidad (rural vs. urbana, pública vs. privada); dificultades de aprendizaje no detectadas o no tratadas (como dislexia o TDAH); acoso escolar (bullying), que afecta su autoestima y bienestar.
6. Violencia, abuso y explotación: Abuso sexual infantil, explotación laboral o trata en muchos países. Violencia intrafamiliar o en el entorno escolar/comunitario. Falta de acceso a redes de protección o confianza para hablar.
7. Problemas sociales y globales que los afectan directamente: Migración forzada (niños refugiados o desplazados). Cambio climático: muchos crecen con ansiedad ecológica o viven en contextos vulnerables a desastres naturales. Conflictos armados: en ciertas regiones, los niños sufren los efectos directos de la guerra (trauma, desplazamiento, reclutamiento forzado).
8. Falta de juego, creatividad y tiempo libre: Niños con agendas saturadas, poca libertad para explorar o aburrirse (lo cual es clave para la creatividad). Entornos urbanos inseguros o con poco acceso a la naturaleza o espacios públicos.
Los niños actualmente atraviesan una serie importante de crisis, con menos habilidades y sin contexto apropiado para lidiar con ellas ¿Sabés cuál es una de las principales causas? La fragilidad y disfunción del entorno familiar. En otras palabras, la crianza deficiente, ausente o dañina -provocada o agravada por factores como la pobreza, la falta de tiempo, la violencia o la desconexión emocional-.
FUTURO
Hoy lidiamos con las consecuencias en los hijos (y hasta en los nietos) de aquellos padres precoces de los 2000. Ante esto cabe la pregunta: ¿Imaginás la infancia que viene?
Bueno, no viene. Es que la mayoría de las personas no desea tener hijos, muchos de los que desean no pueden y los que pueden eligen tener uno o dos. Si la tendencia se mantiene tendremos iglesias, escuelas y sociedades en general con una muy escasa población infantil.
Al mismo tiempo, esos niños presentarán nuevos desafíos relacionados con la tecnología y la era digital como: Tiempo excesivo en pantallas (gaming, redes sociales, streaming, etc); pérdida de habilidades sociales, atención dispersa, menor empatía; riesgos crecientes de ciberbullying, sextorsión, grooming, deepfakes y demás.
Además de esto, los riesgos éticos y de identidad por avances tecnológicos: dilemas con inteligencia artificial, uso de datos biométricos, vigilancia; construcción de identidad influenciada por algoritmos y comparaciones sociales; presión estética, sexualización temprana y pérdida de la infancia.
Y ligado a todo ello las Crisis de salud mental: Aumento de ansiedad, depresión, ideación suicida y autolesiones; soledad emocional pese a la hiper conexión digital; estigmatización, entre tantos otros problemas que ya vivenciamos, pero que se intensificarían hacia el futuro.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
En el pasaje de Marcos citado al inicio el evangelista destaca que Jesús reaccionó con indignación ante el intento de los discípulos por impedir que los niños llegaran hasta Él. Creo que ninguno de nosotros quiere encontrarse en la misma posición que ellos, pero al leerlo me he preguntado: ¿De qué formas podría estar impidiendo yo que los niños lleguen a Jesús? ¿Cuáles de mis acciones podrían generar indignación en Cristo?
Los discípulos no tenían malas intenciones, al contrario, eran fieles seguidores del Señor. Pero no habían comprendido algo: La necesidad de Cristo que los niños también tienen.
Los principales interesados en que los pequeños se encuentren con Jesús deben ser sus padres, pero en una sociedad que le ha dado la espalda a Dios ¿Qué papel juega la iglesia? ¿Cuál es nuestro alcance? ¿Hasta dónde llegan nuestros deberes y posibilidades?
Te comparto algunas ideas de lo que podemos implementar HOY en nuestro trabajo con las nuevas generaciones:
a) Tratemos a las nuevas generaciones con la urgencia que merecen, no las posterguemos. La infancia y adolescencia son etapas críticas en el desarrollo del ser humano, llegar a tiempo con el mensaje del Evangelio es vital (2 Tim 3.15).
b) Seamos familia para los desamparados. Los niños que carecen de una familia fuerte y estable pueden encontrar en la iglesia aquello que les hace falta en el hogar, podemos participar de los actos de la escuela, revisar sus carpetas y libreta de calificaciones para premiarlos por el avance, acompañarlos a un partido de futbol, etc. (Lv 19.34).
c) Seamos modelos de fe y conducta. "No se acordarán de muchas de las cosas que les decimos, pero sí de quienes somos para ellos". Honestamente no recuerdo de quién leí o escuché esta frase, pero creo que es verdad, incluso con nuestros propios hijos. Además de lecciones de lo que está bien y mal necesitan modelos que les muestren cómo vivir la fe cristiana (1 Tim 4.16)
d) Invirtamos en su salud integral. Queremos que alcancen la "salvación de sus almas", pero ¿Qué más podemos hacer por su salud emocional y física, su rendimiento escolar y otras áreas? Podemos destinar un día de la semana para talleres de juego, arte y música; y otro día para clases de apoyo escolar. Organizar visitas de profesionales de la salud para revisión y charlas sobre higiene y primeros auxilios. Imprimamos literatura para regalarles, por ejemplo (1 Tes 5.23)
e) Planifiquemos más que lecciones bíblicas semanales. Si los niños viven en un entorno saturado de violencia, sexo, ocio y adicciones, el tiempo que les dedicamos una vez a la semana será ínfimo en comparación con la influencia negativa que reciben a diario. Aunque el poder de la Palabra no está en duda la pregunta se repite ¿Es todo lo que podemos hacer por ellos? ¿Qué espacio tienen para expresarse? ¿Es la iglesia para ellos una comunidad a la que pertenecen? ¿Cuentan con amigos y consejeros cristianos con quienes compartir tiempo de calidad? (Hch 2.46-47)
f) Apadrinemos niños de la comunidad. Cada familia de la congregación puede apoyar a un niño o dos invitándoles a merendar en casa, compartiendo un fin de semana especial en el parque, comprándole algunos útiles escolares, buscándolos para asistir a la iglesia juntos, teniendo presente su fecha de cumpleaños, entre otras cosas que -como ves- no requieren de grandes gastos de dinero, pero sí de la disposición del corazón (Ro 16.13)
g) Involucrémonos en las escuelas. En una ocasión conversaba con un matrimonio que me contaba entusiasmado que su iglesia había organizado un movimiento evangelístico de una semana, con diferentes actividades cada día. Una de ellas consistió en llevar títeres, payasos, canciones y juegos a una escuela del barrio, donde presentaron un mensaje con valores cristianos. "Las maestras estaban contentas y nos pedían que volvamos, necesitan ayuda", comentaron con emoción. Les pregunté: "¿Es la escuela a donde asisten tus niños?", "No, no. Ellos van a un colegio confesional evangélico", respondieron en seguida.
No tengo nada en contra de los colegios confesionales ni en que los padres elijan enviar allí a sus hijos, pero si nuestros niños asisten a la escuela pública (por necesidad o por elección) es un campo misionero muy fértil. Tal vez sea difícil acceder como iglesia debido a las restricciones que la ley impone, pero como familias podemos hacer muchísimo (Hch 17.16-19)
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