Quizás creas que esto no es posible (hay padres que piensan que sus hijos están inmunes ante estas realidades, por alguna razón). Pero mira estas estadísticas:
Según un análisis de Save the Children España, la edad media de primer acceso a pornografía entre adolescentes está en aproximadamente 12 años, con un 53,8 % accediendo antes de los 13 años y un 8,7 % antes de los 10 años. En cuanto al consumo frecuente, el 68,2 % de jóvenes entre 13‑17 años vio pornografía en el último mes.
De acuerdo con La Nación (Argentina), expertos en psicología infantil reportan que el primer consumo normalmente ocurre entre los 8 y los 12 años, siendo común el acceso incluso a los 8 años.
Un reporte de DW Español, basado en varios estudios, indica que la edad media es de 11 años, y subraya que la tendencia es que inicien más temprano debido al fácil acceso por móvil en América Latina.
Otro estudio en Uruguay (Facultad de Psicología, ANEP y UNFPA) muestra que los estudiantes de bachillerato inician el consumo alrededor de los 12,4 años, con una proporción significativa habiendo visto contenido explícito antes de terminar la escuela secundaria.
En España (con lecturas extrapolables), el 25 % de niños entre 8 y 11 años consumen pornografía y un 6,5 % lo hizo antes de los 8 años. (Este estudio fue realizado con jóvenes 16–29 años preguntando retrospectivamente).
El informe de Save the Children señala que del total de adolescentes, el 87,5 % de los chicos ha visto pornografía alguna vez (frente al 38,9 % en chicas), y el consumo diario es muy inferior en mujeres.
(Gráfico generado con IA)
APLICABILIDAD EN AMÉRICA LATINA
Aunque muchos estudios provienen de Europa o muestras globales, se señala que América Latina (México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, etc.) está entre las regiones con mayor tráfico de pornografía —y por ende, altas tasas de acceso temprano entre jóvenes—, motivado por el uso generalizado de dispositivos móviles y la falta de filtros parentales adecuados.
EFECTOS Y RIESGOS
Los expertos advierten que el acceso temprano puede provocar:
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Distorsión de la sexualidad real: sexualización basada en violencia, desigualdad de género y estereotipos irreales.
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Conductas hipersexualizadas o problemáticas y posibles adicciones por exposición continua a dopamina y contenido explícito desensibilizado.
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Deterioro cognitivo: funciones ejecutivas como memoria, atención y empatía pueden verse afectadas por consumo precoz o frecuente.
Pero este no es el tema central de este artículo ya que imagino que conocemos bien los daños que produce al individuo y a la comunidad no sólo el consumo sino la industria misma de la pornografía.
Lo más probable es que te encuentres aquí porque el título te identifica: has descubierto, o sospechas, que tu hijo es consumidor de contenido explícito y quieres saber qué puedes hacer. Vamos a ello.
¿QUÉ HAGO SI MI HIJO CONSUME PORNO?
Antes de compartir algunos consejos debemos recordar que cada caso es particular y habrá que considerar la edad del niño, el nivel de adicción, su contexto familiar y muchos otros factores. Pero estos serían, en líneas generales, algunos pasos útiles a seguir:
a) Lleva tu angustia al Señor
Enterarnos de una situación como esta no es grato, es difícil de procesar porque los padres no planeamos esto para nuestros hijos y generará sentimientos negativos como frustración, preocupación, enojo, etc.
Actuar en ese estado puede conducirnos a pecar (Stg 1.20; Ef 4.26). Frente a la noticia conviene que acudamos al Señor en búsqueda de su consuelo, guía sabia y poder. No estamos luchando contra la carne solamente, sino contra huestes de maldad y un sistema organizado bajo el poder de Satanás, frente a ello nuestros reproches serán infructuosos.
Acudamos a Dios, antes que nada.
b) Trata el asunto como pecado
La inmoralidad sexual nunca es retratada en la Biblia como una práctica curiosa e inofensiva (1 Cor 6.18; 1 Cor 6.9). Nuestra sociedad ha trivializado el sexo a tal punto que durante la pandemia por COVID-19 algunos gobernantes aconsejaban la masturbación y el "sexting" (mensajería con contenido sexual) como prácticas naturales e inocuas; sin embargo, el Señor tiene otra opinión al respecto.
El sexo fue creado por Él desde el principio y debe practicarse de acuerdo con su diseño y para sus propósitos, otra forma fuera de ello constituye pecado y tanto nosotros como nuestros hijos debemos saberlo si queremos encontrar soluciones reales.
El arrepentimiento, la confesión y el reconocimiento de nuestra necesidad del poder del Espíritu Santo para luchar contra los apetitos de la carne son la verdadera llave para la salida.
c) Conversa abiertamente y con calma con tu hijo
Esto significa hablar del tema con claridad, sin tapujos ni prejuicios (aunque con respeto y delicadeza), en una conversación seria y madura (sobre todo de parte nuestra), y no a los gritos y echando culpas.
Si no podemos controlarnos, o no sabemos cómo hablar del tema, convendría buscar la intervención de líderes y hermanos maduros en la fe que puedan servir de intermediarios (Gal 6.2).
d) Descubran juntos la motivación
¿Qué llevó a mi hijo/a a consumir pornografía? Las causas pueden ser muchas: Curiosidad, complejos, inseguridad, abuso -del cual haya sido víctima-, etc.
Reconocemos que la causa inicial es el pecado en el corazón humano (Mr 7.20-23), pero debemos identificar las circunstancias que propiciaron o generaron el acceso y consumo de este tipo de contenido para planificar una estrategia que le permita abandonar el hábito.
En otras palabras: Eso que lo/a llevó a consumir es lo primero que debemos erradicar de su vida, de otra manera existen posibilidades de recaída.
e) Compartan la lucha con personas de confianza
Es una batalla que, como todas las que libramos contra el pecado, llevará tiempo y demandará esfuerzo. No es bueno, ni prudente, ni necesario pelear solos (Col 3.16); la comunidad de fe que Cristo ha creado en sí mismo nos provee de compañerismo y apoyo en nuestro caminar cristiano en esta vida. Acudamos a los lazos que Dios ha diseñado para este fin.
f) Toma acciones drásticas por su salud
Si supiéramos que nuestro hijo sufre una enfermedad grave ¿No actuaríamos con urgencia y dispuestos a hacer lo que fuera necesario para salvarlo? Pues, el pecado es grave. Y particularmente, el consumo de pornografía puede generarle daños y problemas a largo plazo que afectarán incluso su matrimonio.
Tomar acciones drásticas es protegerlo: Confisca su teléfono y computadora, restringe las salidas con amigos, controla cuánto tiempo pasa en el baño o a solas en la habitación, pasen tiempo juntos orando específicamente por esta debilidad y pidiéndole al Señor la fortaleza necesaria (Ef 3.14-17).
"Pero si no consume en casa buscará otra manera de acceder a ello". Probablemente, pero hay dos cosas que decir al respecto:
Primero, los padres somos responsables ante Dios de como actuamos y si queremos ver Su poder es a Él a quien debemos honrar primero (1 Sam 2.29), ser obsecuentes con el pecado no trae bendición.
Segundo, reducir el acceso -sumado a otras acciones- será una forma muy eficiente de modificar el hábito (piensa en el consumo de sustancias, ¿Dejarías que tu hijo siga tomando drogas en casa para que no las consiga en otro lugar?).
Claro que, como dije antes, hay mucho más que hacer al respecto. Pero deseo que estos pasos te ayuden a iniciar un camino de recuperación por el bien de tu hijo/a y para la gloria de Dios.
Si queres dejar tu opinión en la caja de comentarios serán bienvenida.
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