"Burn-Out" ministerial: ¿Mito o realidad?


¿Crees que sea posible llegar a tal estado de agotamiento en el ministerio, que el servicio y las relaciones se convierten en una carga? ¿Te ha ocurrido o estás viviéndolo ahora?

Seguramente escuchamos y leemos mucho en estos días sobre el "burn-out" -palabra de moda en las redes sociales-. Pero, como en todo, es importante comenzar definiendo los conceptos para entender de qué hablamos.

¿QUÉ ES EL "BURN-OUT"?

La Organización Mundial de la Salud define el Burn‑out  -o «síndrome del trabajador quemado»- como "un síndrome asociado al estrés crónico en el contexto laboral que no ha sido manejado con éxito". 

Y agrega que se puede reconocer este estado de agotamiento por tres características puntuales:

1.- Agotamiento o disminución de la energía (cansancio extremo).

2.- Distanciamiento mental del trabajo (pueden aparecer actitudes de cinismo, negativismo o desapego hacia las tareas).

3.- Reducción de la eficacia personal (baja de rendimiento, sensación de insuficiencia o ineficacia en lo laboral)

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST — España): lo describe como "un problema relacionado con el empleo que aparece ante un estrés laboral prolongado, con manifestaciones de agotamiento emocional, despersonalización y poca realización personal".

Distintos organismos ofrecen definiciones similares y todos utilizan -prácticamente- los mismos conceptos: AGOTAMIENTO, INEFICIENCIA, DESAPEGO, ESTANCAMIENTO, etc.

ESTRÉS, ANSIEDAD Y BURN OUT

En esta época, hablar de ello se ha vuelto una práctica muy común. La relación entre ellos es estrecha, aunque describen distintos momentos de un mismo camino. Podemos verlo, si preferís, como eslabones de una misma cadena.

1. El Estrés, como seguramente ya sabrás porque es un tema "viejo" (algunos lo llaman "la enfermedad del nuevo milenio"), es la respuesta natural del cuerpo ante una demanda, presión o desafío. Puede ser puntual (estrés agudo) o prolongado (estrés crónico).

En este punto, es necesario recordar que el estrés no es necesariamente negativo: a veces impulsa la acción (como escapar de un perro amenazante). Pero, en el ámbito laboral -o ministerial, como es nuestro caso-, el estrés crónico es un factor de riesgo para el burnout.

2. La Ansiedad, por otro lado, ocurre cuando el estrés se vuelve anticipatorio: no sólo reaccionas a un problema, sino que empiezas a preocuparte por lo que podría pasar.

Esta puede verse en síntomas como: preocupación constante, dificultad para concentrarse, tensión muscular, irritabilidad y sensación de amenaza.

Pero, a diferencia del estrés, la ansiedad persiste incluso cuando el estímulo estresor ya no está presente.

3. Finalmente, el "Burn-Out" es un síndrome laboral, no una emoción. Surge cuando el estrés laboral es crónico, prolongado y sin estrategias de manejo.

Como dijimos antes, suele incluir:

  • Agotamiento extremo.
  • Desapego o cinismo hacia el trabajo.
  • Sensación de ineficacia o fracaso profesional.

Nota que el burnout no es ansiedad, pero la ansiedad puede coexistir o ser un paso previo en el desgaste laboral.

Imagen creada utilizando Inteligencia Articial

Quizás en este punto pienses algo como: "Bueno, pero eso ocurre en ámbitos laborales, y el ministerio cristiano no es una mera tarea que realizamos para una empresa, sino un compromiso espiritual para con nuestro Señor".

Sí, en parte. La teoría es correcta, pero en la práctica existen algunos asuntos que deberíamos considerar.

SERVIR A DIOS Y TRABAJAR CON PERSONAS: DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

Por definición, la palabra "ministerio" significa "servir". Esto aplica tanto en nuestra relación con Dios como para nuestras relaciones interpersonales.

Dicho de otra manera: Cuando servimos a Dios, le servimos a las personas que Él dispone en nuestro camino con ese fin (y también recibimos el servicio de otros como ministración de la gracia divina -cf. 1 Ped. 4:10-).

¡No nos cansamos, ni nos cansaremos nunca, de servir a nuestro Dios, que dio a su Hijo para nuestra salvación!

Pero en cuanto a las personas...bueno, es un poco diferente.

Cuando veo que este es un tema presente y contante en la Biblia (incluso en la vida del mismo Señor -cf. Mt. 17:17-), al revisar mi propia experiencia, y después de conversar el asunto con otros hermanos, creo poder afirmar que hay 2 cosas que nos llevan al cansancio en el ministerio:

1) La gente: Cristo es siempre fiel, las personas no. Él es amoroso y paciente, nuestros hermanos no. Nuestro Señor nos da su gracia, nuestros líderes no. Cristo es verdadero y justo, la congregación no.

El ambiente en el que queremos servir al Señor puede hacerse difícil por causa de las personas, entre las cuales -por supuesto- estamos incluidos nosotros mismos, que no estamos exentos de egoísmo, errores, mentiras, habladurías, etc.

Nos agota tener que lidiar con el carácter de los demás y con las fallas del nuestro, con la inmadurez de algunos creyentes, con sus caprichos y pretensiones sin sentido, con discusiones necias y nuestros propios pecados. Quisiéramos estar siempre avanzando, pero en ocasiones hay que retroceder para reparar los daños que han causado el chisme y la división -por ejemplo-.

Esto, generalmente, nos frustra. 

2) La institucionalidad: "Todo sería más simple si lleváramos adelante la obra del ministerio sin las cargas de la institución".

¿Has pensado así alguna vez? Muchos líderes que aman a las personas tanto como a Dios, son fieles y comprometidos, pero caen en el agotamiento por tener que sostener una estructura. Hay que cumplir con agendas, fechas, documentación, viajes, infraestructura, balances, etc. 

La abrumadora cantidad de exigencias, que no tienen que ver directamente con la tarea pastoral, nos lleva a imaginar qué felices seríamos si pudiéramos simplemente reunirnos en las casas, o en el parque, con las familias a estudiar la Biblia, cantar al Señor, orar unos por otros, fortalecernos y compartir la Cena...como lo hacían los primeros cristianos.

Imagen de carácter ilustrativo de nuestras reuniones institucionales

Es así como llegamos a la idea de "Burn-Out ministerial": Un estado de agotamiento ante las actividades y exigencias del trabajo eclesial que se manifiesta en: poco compromiso, críticas, discusiones constantes, irritabilidad, e ineficiencia. 

En nuestro léxico solemos decir: "Estamos cargados".

¿QUÉ SOLUCIONES PODEMOS ENCONTRAR?

En mi opinión, lo segundo puede resolverse más fácilmente que lo primero. Se puede ser iglesia sin la institucionalidad (se ha podido siempre y en muchos lugares del mundo así ocurre todavía), pero no se puede ser iglesia sin personas.

Te propongo algunas ideas concretas que podrías aplicar ahora mismo para evitar caer en el burn-out -o que tu equipo de trabajo lo sufra-:

1. Encuentra con quien llorar y desahogarte: Además de acudir al Señor en oración -asumo que será lo primero que haremos-, es importante tener un amigo maduro con quien compartir las cargas y que no alimentará los sentimientos negativos.

2. Tiempo de descanso: Organízate para tomar y darle a tus líderes unos días libres cada tanto. Incluso podrían tomar todos juntos un fin de semana de retiro espiritual, si es necesario se pueden suspender las actividades de esos días (la iglesia de Cristo no se detendrá por falta de reuniones un sábado).

3. Sé más flexible con las estructuras: Que no nos ocurra como al judaísmo, que hizo del Templo y su sistema el centro de su vida religiosa, cuando esto debió ser símbolo de lo verdadero. Nuestras estructuras deberían servir para ser más eficaces en la obra del Reino, pero si ocurre lo contrario, conviene ceder a la institucionalidad para ganar en salud. Recordá que la iglesia es un organismo, más que una organización.

4. No escatimes en reconocimiento y aliento: A veces somos más propensos a señalar las faltas que los aciertos; la crítica constante es veneno para el servicio gozoso. Seamos proactivos e intencionales para reconocer lo que está bien hecho. Hacer pasar a los hermanos al frente de la congregación para agradecerles y orar por ellos-por ejemplo-, es un gesto valioso que no demanda gastos, pero produce un impacto muy positivo.


Quiero conocer tu opinión: ¿Ves que esta sea una realidad en las iglesias? ¿Tienes ideas para corregir y/o prevenir este síndrome?

Leo tus comentarios.



Encontrame en mis redes:

Instagram - Canal de WhatsApp 

Comentarios

Entradas populares de este blog

THERIANS: ¿DEBEMOS PREOCUPARNOS?

¿CÓMO IMPACTAN LOS HIJOS EN LA VIDA SEXUAL DEL MATRIMONIO?

LOS FABULOSOS 90´S Y SU IMPACTO EN LA IGLESIA DE HOY